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El béisbol y la cerveza nacieron amorochados

Por: Alexis Correia

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Los venezolanos y la cerveza en el estadio

No existe cordón umbilical más irrompible entre una bebida y un deporte que el de cerveza y béisbol, si es que a este pasatiempo ajeno a las presiones del cronómetro lo podemos llamar tal. Nacieron amorochados. La naturaleza analítica y pausada, pero al mismo tiempo festiva y amigable del viejo juego de bate y pelota —su historia ha corrido por casi dos siglos sin que se recuerde alguna gran tragedia como las muchas del fútbol— ha establecido el matrimonio perfecto con el polifacético néctar de la cebada.

En un desierto de arenas doradas, la civilización egipcia se apelotonó en un hilo verde: las orillas del Nilo. Una religión que se profesa en torno a un campo verde ha prosperado junto a un amniótico río dorado.

“No necesariamente la cerveza es indispensable para disfrutar un juego, pero los adultos la bebemos para refrescarnos, brindar o pasar el trago amargo de que nuestro equipo vaya perdiendo. La cerveza sirve para todo”, lo resume en un batazo la mujer que en Venezuela es sinónimo de pelota con costuras: la periodista Mari Montes (@porlagoma).

Béisbol es una tarde calurosa de domingo que se abreva en la urgencia del espumante frescor. Béisbol en Venezuela coincide cronológicamente con Navidad y el descenso en patineta de Pacheco por la noche de extrainning que no termina nunca, y aunque suene a contrasentido el cuerpo también entra en calor con una fría. Béisbol es un juego estructurado en torno al tres y sus múltiplos: tres bases, tres outs, tres strikes, nueve episodios, nueve bateadores. Cuadra a la perfección con un tercio.

Una espumosa invención nacional

Los eruditos que atiborran la Wikipedia atribuyen a “Krazy” George Henderson, un porrista profesional estadounidense, la invención a comienzos de los años 80 de la denominada, ola o erupción coordinada de los aficionados en los graderíos repletos de un recinto deportivo. Lo que no dicen los estudiosos es que el béisbol venezolano posee los derechos de autor de la “ola con espuma”: el mismo movimiento rítmico y grupal pero con baño de cerveza.

En estadios como el Universitario de Caracas se constatan otras curiosas costumbres cerveceras. Están los que beben exclusivamente de jarra, llevan la propia y piden al vendedor que se las llene. También se ha detectado la existencia de seres vivos que sólo compran la cerveza de un vendedor específico y predilecto, y si algún día no lo consiguen, prefieren quedarse sedientos. Finalmente se consignan en el acta los romances surgidos al frío de un brindis, incluso entre un caraqueño y una magallanera como en el súper éxito de taquilla Papita, maní, tostón.  

“El béisbol y la cerveza, por lo menos en Venezuela, nacieron prácticamente juntos”, ratifica el historiador deportivo Javier González (@javiergon56), que se refiere a este vínculo como un “idilio ancestral”.

Empresarios cerveceros financiaron la construcción, en 1895, de las tribunas del primer campo beisbolero en Caracas, en las inmediaciones de de donde está hoy la estación del Metro de Colegio de Ingenieros. Y Cervecería Caracas se llamó, a partir de 1941, el primer gran rival del equipo Magallanes. Aunque a juicio de González, su directivo Martín Tovar Lange cometió un error al identificar un producto exclusivamente con una afición, lo que generaba el rechazo de los fanáticos rivales: “En cambio Lorenzo Mendoza Fleury, fundador de Cervecería Polar, comprendió que su marca de cerveza estaría para siempre casada con el béisbol, pero no con un equipo en particular”.

Infaltable en la celebración de cada campeonato

“Venezolano que se respeta no puede concebir un juego de pelota sin su mejor acompañante”, lanza la recta Carolina Guillén (@caroguillenESPN), la comentarista que deslumbra a toda la comunidad beisbolera hispanoamericana desde el canal estadounidense ESPN, pero que jamás olvida sus raíces de hallacas y pan de jamón.

“Si buscamos un origen, quizás la cerveza sea lo más asequible para entonarse de lo que dispone un aficionado compatriota o de cualquier país. Aunque esta tesis se cae cuando constatas que en el sector VIP del Universitario de Caracas es la bebida que más se consume entre todas las disponibles en el estadio. Quizás sea el sabor y lo refrescante, o lo simpático que te conviertes al beberla. Conservo en la memoria exactamente todas las bañadas en cerveza dentro de las ‘cuevas’ cuando un equipo campeón celebraba el título de la temporada. ¿Y cómo olvidar que, cada vez que algún fanático me gritaba ‘¡Carolina, te amo!’, tenía una Polar en sus manos?”, certifica la chica dorada de ESPN.  

Cerveceros de Milwaukee se llama, desde 1970, una de las 30 franquicias de Grandes Ligas. Cerveceros de Caracas (o de Guatire) fue un bicampeón de la desaparecida Liga de Verano que se jugó en Venezuela entre los años 80 y 90, en los meses en que la Liga Venezolana de Béisbol Profesional estaba de receso. “Siempre fue la bebida que se vendió en el estadio, así que nos acostumbramos a la cerveza desde los orígenes de la LVBP en los años 40. La llegada de otras libaciones es relativamente reciente. Pero esto no ocurre solo aquí en Venezuela. También en las Grandes Ligas es la bebida por excelencia”, enfatiza Mari Montes.

“La desventaja de beber tanta cerveza en el estadio es que con una frecuencia de cada tres innings dan ganas de ir al baño, entonces hay que sortear un montón de obstáculos entre pedirle a la gente que se levante de su asiento, los vendedores de papita, maní y tostón y los que tienen la misma necesidad de uno”, balancea la experta gastronómica Vanessa Rolfini (@rutasgolosas), que en 2009 se atrevió a documentar sus aventuras beisboleras en su blog personal, Historias de Sobremesa.

El béisbol no es estrictamente un deporte, sino una atmósfera uterina y nostálgica en la que, como en Navidad, el tiempo queda abolido y los hombres vuelven a ser niños. La cerveza forma parte de las reglas no escritas de una complicidad.

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Foto: Andrews Abreu

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