Polar y tú

El efecto Solera

Por: Douglas Muñoz

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Polar y tú: historia cervecera con Solera

Cuando veo la juventud y sus derrotas, cuando veo la ignorancia y la ignominia, entonces le doy la razón a todos mis “Mayores” por todos esos consejos que una vez me hicieron pensar: “este viej@ esta fastidios@”.

Hoy parece que estoy en el lado de los que piensan: cuando yo era joven todo era distinto. Al final es una ilusión óptica, yo lo sé. En realidad ahora soy joven para la vejez y viejo para la juventud. No me acuerdo ya desde cuándo se que mis propios silencios hacen ruido. Es un silencio de mis pasiones que ensordece mi voluntad de vivir.

Hoy el silencio no es mas que la prudencia de una palabra irritable que pugna por salir, es la sabiduría de una inmadurez que anuncia el aborto de una equivocación, es el silencio de los hombres maduros que sólo señalan el grito permanente de libertad en la cárcel del deber ser. (¡¿Eso salió de mí?!).

No es que me sienta viejo, es que sencillamente me siento y ya eso es suficiente para darme cuenta que la crisis está para quedarse y que la acojo con la alegría como la de un niño que acoge un juguete nuevo. No tengo miedo al tiempo, tengo miedo a que no me alcance. Es la realidad de que estoy cambiando, que los tiempos no son los mismos que antes y que mejor me adapto porque si no perezco. Es la lucha entre la generación a la que pertenezco y la generación que está emergiendo. ¡Y pensar que esto vino a mi mente en el trayecto de ir a destapar otra Solera! Arriba la Polar.

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