Polar y tú

Topotepuy fue un “Edén” para los amantes de la cerveza

Por: ruben

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Cuando empezó a circular la información de que Cervecería Polar estaba organizando un evento en los Jardines de Topotepuy, comencé a buscar con locura los detalles de este evento. Pues, si bien hubo promoción del evento en redes sociales, no hizo falta un gran esfuerzo para que las entradas volaran.

Todo estaba incluido. Estacionamiento seguro y gratuito, movilización, comida, variedad de cervezas, música y espacios verdes para caminar. El plan pintaba genial. La entrada rondaba los 17 mil bolívares.

Lo primero que se vi al entrar al estacionamiento del Centro Comercial Paseo El Hatillo era una larga cola. Las personas esperaban impacientes para poder subirse a las Vans que los trasladarían a los Jardines de Topotepuy. De ocho a 10 personas iban montándose en los vehículos. Como siempre, el camino de ida se hacía más largo. Cada vez sentías más cerca ese primer vaso de cerveza en mi mano.

Una vez que arribamos, una alfombra roja te daba la bienvenida.  Al  chequear las entradas la gente proseguía al jardín. Una baranda de madera con unas plantas te ambientaban en una atmósfera natural. Cuando bajabas por las escaleras sobre la hondonada comenzabas a divisar las cientos de personas, acomodadas en los pufs y mesas de madera, al mejor estilo de un pícnic americano.

Al llegar a la a la planicie, podías ver un montaje de letras enorme, como las de Hollywood, que decía “Jardín Cervecero”. Al fondo, justo al lado de un pequeño estanque, estaba la tarima donde se presentaron los talentos musicales que entonarían las melodías de fondo. En uno de los laterales, estaban las invitadas estrellas del evento, las cervezas.

Toda la familia cervecera estaba presente; Polar Light, Solera Azul,  Solera Verde, Solera Märzen, Solera Alt  y  Solera Black. Para comodidad de todos, podías pagar en un stand la cantidad de cervezas que quisieses y a cambio te darían una ficha por cada una. Si bien la estrella de la tarde fue la cerveza, siempre se disfruta más con una comida. A los lados de los dispensadores había variedad de alimentos para calmar al estómago.

Las combinaciones estaban a la orden: choripanes, hamburguesas, picadillos, papas fritas, donas y más. Dado que los puntos de venta para comida era solo para eso, la cola era más larga y fluía con lentitud. Sin embargo, eso no desapareció el hambre porque nadie se salía de la fila.

Habían muchas familias que asistieron con los más pequeños del hogar, así como con los veteranos. El espacio no era de una sola generación. Más allá de la edad, el gusto por la cerveza era el factor común. Los niños corrían en los espacios verdes. Las parejas se acostaban en los manteles y puffes; y los grupos de amigos escuchaban interpretaciones instrumentales de Eye of the Tiger, Sweet Dreams, o el tema musical de Games of Thrones.

Un recorrido con muchos acompañantes al caminar por el jardín encontrarías diversos pasos. Cada uno con lugares donde sentarse y otros puestos de comida y dulces. Una de las barras, ofrecía la oportunidad exclusiva de degustar cervezas preparadas especialmente para el evento.

Todos los que compraron su entrada podía probar estas “cervezas  de edición especial”. Los más intranquilos, optaban por mantenerse en movimiento constante y recorrer los caminos frondosos del jardín. Otros aprovechaban la oportunidad para hacer un recorrido más romántico con sus parejas.     Pasadas las 6 de la tarde, mientras comenzaba a escaparse la luz del día, las personas reposaban mientras esperaban que el caer de la noche diera cierre a una tarde de disfrute en compañía de las cervezas de Polar. El jardín de Topopepuy pasó desde ese día a significar un edén para los amantes de la cerveza. 

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