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Picante y cerveza: armonía por contraste

Por: Maestro Ajicero

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Maestro ajicero combina picante y cerveza

Los venezolanos estamos muy familiarizados con el sabor del ají, es un ingrediente imprescindible en la sazón de nuestros platos, una tradición que ha trascendido desde los indígenas y ha perdurado hasta la actualidad. Los sabores dulces y picantes que nos regala el ají le dan ese toque característico a la cocina local.

Comencemos con 3 datos de la historia del ají, que seguro no conocías:

  1. La planta del ají es nativa del continente americano y se comenzó a utilizar para la conservación de alimentos desde el 7.500 a.C.
  2. Es originario de la zona andina y selvática entre Perú y Bolivia, desde estos lugares migró al resto del continente gracias a las aves que al consumirlo esparcían las semillas por medio de sus excreciones.
  3. Con la llegada de Cristóbal Colón a América, el ají viajó a Europa y luego con Vasco da Gama alcanzó el continente africano y el asiático.

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El picor de un ají y su versatilidad

Si tuviéramos que describir la sensación en boca que causa el picante, lo ubicaríamos entre el placer y el dolor, ¿cómo? Por esa dualidad entre el calor placentero que se extiende por todo el cuerpo y la reacción ante el ardor, eso sí, tratándose de un ají medianamente picante. Esta sensación se aprende a tolerar con paciencia y constancia, educando al paladar hasta distinguir los sabores del picante y los alimentos que lo acompañan.

El ají permite combinarse en variedades, jugar con sus texturas, sensaciones y colores. Se puede consumir fresco o seco, procesado como salsa, en polvo, ahumado, deshidratado y envasado en diferentes presentaciones. Si crees que la combinación será muy picante, puedes graduar el nivel de picor usando diferentes variedades de ajíes, logrando que algo vaya de muy picante, a sutil y delicado.

El proceso picante y la sensación de plenitud y bienestar

Cuando consumimos picante pasamos por dos etapas: la primera es la de “enchilarse”, ese profundo ardor en la boca, ese fuego que activa las mucosas nasales y  desata un lagrimeo continuo. Luego, viene la magia del ají, cuando por efecto de la capsaicina se liberan las endorfinas, conocidas como las hormonas del placer.

Con la liberación de estos químicos en nuestro cerebro, se estimulan los centros de placer que están relacionados con la satisfacción y el bienestar. Curiosamente, los efectos que causa el consumo del ají no solo se limitan al paladar y los sentidos; la sensación de fuego en la boca envuelve al lenguaje, pues el proceso de “enchilarse” generalmente termina con algún insulto altisonante y el recuerdo de algunas madres. ¿A quién no le ha pasado?

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La cerveza, el gran aliado del ají

Para contrarrestar el fogonazo causado por un buen picante, lo mejor es calmarlo con bebidas lácteas (por su contenido graso) o alcohólicas, es por esto que la cerveza es el ingrediente mágico e infaltable en la mesa para los amantes del picante, tanto para calmar el ardor como para disfrutar el plato.

Es conveniente aclarar un error comúnmente cometido al encontrarse con el picor intenso de un ají: lo primero que se hace es beberse hasta el fondo el primer vaso de agua que le pongan. Al tomarla, tratando de aliviar la picazón, se da el efecto contrario y generalmente expande la sensación de ardor en el paladar. La capsaicina es el compuesto químico responsable de la sensación de ardor del ají y también es hidrófuga (o sea que es inmune al agua).

Al final, todo lo que pique y nos haga apagar el fuego con cerveza es celestial. Por ahora los invito a probar esta combinación de cerveza y comida con picante. En la segunda parte les hablaré de los beneficios del ají.

 


Fotos: @MaestroAjicero

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